martes, 16 de febrero de 2016

Todos somos el mejor en algo

Oyendo el sorprendente relato de una amiga, estos días vuelvo a sorprenderme con el egoísmo exacerbado que exhiben algunos padres, de ese que yo creí extinguido a estas alturas de la historia pero que parece ser que de eso, nada.

Eso de que tú de mayor serás... se sigue practicando, parece ser, con bastante frecuencia y no solo entre gentes como el piltrafilla del atún sin estudios que quería trabajar en Calvo, sino por personajes bien leídos y escribidos como es el caso de este que me acongoja. Niño que quiere ser fisioterapeuta y su padre le dice que de eso nada, que tú tienes que ser ingeniero como yo y así cuando acabes te meto en la empresa. Que eso de la fisioterapia lo deje para sus ratos libres, que no es una carrera. ¿Qué le habría dicho a la criatura si se hubiera arrancado con un papá, quiero ser artista?

Niña que quiere ser veterinario pero su padre le dice que de eso nada, que tú tienes que estudiar químicas. Ya papá, pero es que a mí lo que me gustan son los animales. Bueno, pues te compras una cobaya y haces químicas.

Otras versiones más clásicas son las del tipo mi hijo va a ser abogado porque es lo que yo no pude ser, o el nene estudiará medicina como marca la tradición familiar. Y lo malo es que van el hijo y el nene y lo hacen, porque no les queda más remedio, les convencen o no se atreven a plantarse ante la autoridad paterna.

Así nos encontramos todos los días con gente que va a trabajar cabreada, que cogen sus coches echando más humo que sus tubos de escape, que se mosquean con todos y por todo y que no tienen ni las arrugas que les corresponderían por su edad, porque nunca sonríen, ni muestran ninguna emoción más allá del enfado y la crispación. La verdad es que me parece lógico y lo entiendo. Hacer todos los días de tu vida algo que no es que no te llene, sino que puede que incluso odies, debe ser para tirarse a las vías del cercanías. 

Señores padres, (para todos aquellos que pretenden acostumbrarnos a desdoblar absurdamente el género, léase Señoras y señores madres y padres), dejen de actuar como si sus hijos fuesen propiedades suyas o extensiones de sus cuerpos. Han tenido la suerte de que la vida les haya regalado uno o varios sucesores y su obligación es tratarlos y cuidarlos con el máximo esmero y dedicación hasta que estén listos para hacer su vida. Nada más. Sus hijos no les deben nada. Si ustedes son buenos padres, en toda la amplísima extensión de la palabra, no han hecho nada más que cumplir con su obligación. En caso contrario, merecerían, si no sanción, al menos sí reprobación.

Hijos todos, (para todos aquellos que pretenden acostumbrarnos a desdoblar absurdamente el género, léase Hijos e hijas, todos y todas). Sed vosotros los responsables de vuestro propio futuro. Nadie aprende con los errores de otro y nadie tiene por qué vivir la vida de otro. Tomad vuestras propias decisiones y pegaos vuestras propias bofetadas, pero que nunca llegue el día en que se os desmorone la existencia por no haberos plantado a la hora de apostar por lo que verdaderamente era vuestra pasión.

Todo el mundo es el mejor en algo, solo hay que descubrir en qué y para ello, lo peor es que no te dejen o no te atrevas a probar y a intentar. 

Y si quedan dudas, deléitense con el discurso de Kate Winslet en la gala de los premios BAFTA de este año. Tuvo un profesor de teatro que le dijo que quizás debería conformarse con que le dieran los papeles de chica gorda. ¡Mira dónde estoy! le responde ahora ella.





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